Tengo un monstruo en mi cabeza.
No, no miento y no, no es completamente real pero tampoco es mentira. Tengo un monstruo en mi cabeza, lo percibo y me aterra a veces. Otras veces, me envalentono e intento combatirlo, pero normalmente me parece tan grande que termino cediendo.
Tampoco es el causante de algunas de mis historias. Para nada. Cualquier contenido de éstas prefiero atribuirlas a vanguardismo, libertad de mente y --¿por qué no?-- un poquito de inmoralidad.
No podría describirlo. No tiene exactamente una apariencia. Es grande y pequeño, se esparce como humo negro y pesa como plomo, grita u habla y no me deja pensar con claridad. Es tan abstracto como el pensamiento y tan físico como la gravedad. En su silencio, sisea ponzoña en mi mente y logra que evite el espejo y me hunda en la amargura por, al menos, unos segundos al día.
Es mi peor enemigo --y el único, creo-- y es capaz de que, en mi enemistad conmigo misma, comience a sentir desprecio por los demás, incluso aquellos que adoro o me causan gran simpatía.
Stephen King una vez dijo que los monstruos existen y los fantasmas también, que viven dentro de nosotros y que, a veces, ganan. No recuerdo en qué contexto lo dijo, pero yo lo parafraseo en éste, el mío.
Sé que todos tenemos nuestros monstruos propios, aunque algunos tienen la fortuna de combatirlos poco. En cambio, yo lo combato diariamente y hoy me ganó. No sé si será más poderoso que el de los demás o yo más débil... solo sé que no lo quiero. Y aún no encuentro forma de extirparlo.
Qué va... dejaré de lado las cosas feas y mostraré mi método de distracción mientras el monstruo atacaba:
No me dibujaba así desde que estaba en el secundario y no quedó muy bonito, pero fue entretenido~
(Y cualquier similitud con el que tiene Bill Kaulitz en su mano, es mera y retorcida coincidencia.)
Si alguien leyó esto, ¡saludos! :)

